Resumen para quien tenga prisa: la ropa no huele a cerrado por estar guardada, sino por cómo se guardó. Lávala toda antes, asegúrate de que está seca del todo y métela en algo que respire. La funda de plástico de la tintorería es el peor enemigo de un armario.
De dónde viene el olor
El armario cerrado no huele mal por sí solo. Huele mal cuando dentro hay tres cosas: humedad, restos de sudor y aire parado.
La humedad es la principal. Una camiseta que parece seca al tacto puede seguir teniendo agua dentro de la fibra, sobre todo si se dobló recién sacada del tendedero en un día húmedo. Encerrada nueve meses, esa humedad se convierte en olor a moho.
El sudor es el segundo. Una prenda que te pusiste una tarde y en la que no sudaste nada lleva igualmente restos de piel y de desodorante. No huelen hoy: huelen en junio.
Y el aire parado remata la faena. Sin ventilación, lo que haya dentro se queda dentro.
Lava todo, aunque lo hayas puesto una vez
Es la regla que más pereza da y la que más olor evita. Todo lo que guardes, lavado. Y sin suavizante en lo que vaya a estar meses cerrado: deja una película sobre la fibra que retiene olores.
El punto y la lana, mejor a mano o en frío, y secados en plano. Colgados se dan de sí y aparecen los hombros de percha.
La regla de las 24 horas
Después de lavar, deja la ropa un día entero extendida en casa antes de guardarla, aunque la notes seca. Es el paso que casi todo el mundo se salta y el que marca la diferencia en marzo.
Si vives en zona húmeda (costa, bajos, pisos interiores), añade un antihumedad dentro de la caja.
Qué va en bolsa de compresión y qué no
Las bolsas de compresión sacan el aire y dejan el bulto en la mitad o menos. Son la mejor solución para lo voluminoso: plumíferos, edredones, toallas, sudaderas, ropa de cama.
No metas en bolsa de compresión lana, cachemir, seda, plumas buenas ni nada con estructura (americanas, camisas de vestir). La compresión les rompe la fibra o les deja arrugas que ya no salen.
Nosotros usamos un pack de cinco bolsas de compresión de tamaños distintos. No hace falta aspiradora: el aire se saca enrollando la bolsa.
Dónde guardar lo delicado
Lo que no puede ir comprimido necesita respirar. Una caja de tela plegable con ventana cumple las tres condiciones: transpira, cierra con cremallera para que no entre polvo y la ventana te deja ver qué hay dentro sin abrirla.
Lo que nunca: la funda de plástico de la tintorería. No respira, condensa la humedad dentro y amarillea los tejidos claros.
Los zapatos, aparte
Las sandalias y las alpargatas guardan sudor en la plantilla. Antes de guardarlas: limpiar, secar al aire un par de días y meter papel dentro para que no se deformen. Nunca en bolsa cerrada.
Si el problema es que no caben, un zapatero cerrado de ocho estantes se lleva los pares de fuera de temporada y ocupa el hueco estrecho del recibidor.
La lista de cinco minutos
- Aparta lo que no te has puesto este verano. Si llevas dos veranos sin ponerlo, no lo guardes: dónalo.
- Lava todo, sin suavizante.
- Déjalo 24 horas extendido antes de cerrar nada.
- Lo voluminoso a bolsa de compresión; lo delicado a caja de tela.
- Etiqueta las cajas. En marzo no te vas a acordar.
Y una última: airea el armario vacío un par de horas con las puertas abiertas antes de meter la ropa de invierno. No cuesta nada y se nota.
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